Los inicios de José Luis Garci


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LOS INICIOS DE JOSE LUIS GARCI

Fernando Alonso Barahona

“¿Qué es lo esencial?”, le preguntan a Blas Otamendi, el escritor protagonista de Historia de un beso.
“Lo contrario al ajetreo que nos rodea”.

Historia de un beso
José Luis Garci

1- LA VIDA QUE SALE AL ENCUENTRO

Da mucha felicidad el ser independiente, y no lo cambiaría por nada del mundo. Yo nunca he servido para tener opiniones de grupo, de partido; nunca podría estar en un Parlamento, donde casi siempre hay que votar no lo que te gusta, sino lo que te dicen.

José Luis Garci. El Mundo. 8 de octubre de 2004.

José Luis García Muñoz (Garci) nació en Madrid el 20 de enero de 1944.. Su padre era pintor y Garci lo recuerda con admiración:

Esta es la forma de enfrentarme a la película que yo querría que se notase en mi puesta en escena. Es como si te dieras un baño de agua caliente y que las sales fueran los colores que elijo, el paisaje, el tiempo narrativo, la música…, y que todo ello te vaya produciendo un bienestar; el cine de Bresson, de Dreyer, un cine muy pictórico. No olvides que mi padre era pintor, y desde pequeño estuve entre pinceles. Como un pintor que se aparta del cuadro para verlo mejor, yo quiero poner la cámara en un sitio respetuoso que no agobie a la gente. Corro el riesgo de hacer una película estática. Pero es un riesgo que merece la pena correr.

Su infancia transcurre en la oscuridad y el despertar de los años cuarenta. Son los años duros de la posguerra española. La Segunda Guerra Mundial ha entrado en su punto culminante y poco a poco el ejército alemán va retrocediendo posiciones. Enero de 1944 es el inicio de un año clave para su resultado. No sería hasta junio de ese mismo año cuando el gran desembarco en Normandía comenzara a decidir la suerte de la guerra a favor de los aliados.
Entretanto, España poco a poco quiere olvidar los horrores de una guerra aún demasiado reciente. Las dificultades económicas –la cartilla de racionamiento– se van instalando en el escenario nacional. El cine y la radio se convierten entonces en dos fabulosas posibilidades de evasión, creatividad y ensueño. Estos dos medios serán decisivos en la configuración del futuro estilo artístico de Garci.
El momento no era fácil para la cultura española. Sin embargo, siempre es necesario actuar y trabajar con el espacio de que se dispone, amplio o angosto. No caben excusas para el creador.
La vegetación de lo que algunos llamaron –sin fundamento– “páramo desértico” de la cultura española de los años cuarenta llegaría a ser muy florida. En 1940 nace la revista literaria Escorial, entre cuyos colaboradores encontramos a Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Alfaro y Antonio Tovar. El Español se crea en 1942 como semanario político, y posteriormente circulan La Estafeta Literaria (1944), Arbor (1944) e Ínsula (1946). Se publican libros de la importancia de Razón del mundo (1944), de Francisco de Ayala; Naturaleza, Historia, Dios (1942), de Javier Zubiri, y la célebre Historia de la Filosofía (1941), de Julián Marías. Eugenio D’Ors escribe a pleno rendimiento y Ortega y Gasset regresa a España en 1945 para emprender una rica actividad que dará como resultado su capital Idea de principio en Leibniz, así como la creación –junto con Julián Marías– del Instituto de Humanidades en 1947.
La novela conserva a Baroja, Ricardo León, Concha Espina y Azorín, en tanto que surgen Camilo José Cela (que revoluciona el panorama literario con La familia de Pascual Duarte), Rafael García Serrano, Sánchez Mazas, Ignacio Agustí, el primer Delibes, Carmen Laforet, Gironella, Zunzunegui o Torrente Ballester, sin olvidar a Agustín de Foxá y a Josep Pla.
La lista de personalidades que realizan importantes aportaciones culturales es sobresaliente: Marañón, López Ibor, Rof Carballo (medicina); Lapesa, Díaz Plaja, Casares (lengua); Lafuente Ferrari, Camón Aznar, Chueca Goitia (historia del arte); Gili Gaya, Alonso Vicente (historia); Caro Baroja (etnografía); la figura suprema de Ramón Menéndez Pidal (investigación histórica y literaria); Díez del Corral, Jiménez Caballero (ensayo); Dámaso Alonso, Aleixandre, Hierro, Manuel Machado, Gerardo Diego, Leopoldo Panero, Luis Rosales (poesía); Pemán, Benavente, López Rubio, Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Buero Vallejo (teatro); Dalí, Pancho Cossío, Solana, Vázquez Díaz, Benjamín Palencia (pintura).
Estos son los contemporáneos de cineastas como Rafael Gil, José Luis Saenz de Heredia, Edgar Neville, Juan de Orduña, Antonio Román, Luis Marquina, José Antonio Nieves Conde o Carlos Serrano de Osma. Se incorpora el exiliado húngaro Ladislao Vajda, que hará su mejor obra en España.
En Hollywood se vive el esfuerzo de la guerra y casi todos los grandes nombres están en el candelero: de Ford a Vidor y Hitchcock, pasando por Hawks, Walsh, Wyler, Borzage, Chaplin, Capra, Huston, King, Hathaway o Leo McCarey.
El cine español continúa siendo raquítico pero inicia una tímida consolidación. El 17 de diciembre de 1942 se crea el NO-DO, documental informativo, y en 1947 se funda el IIEC (Instituto de Investigaciones y Estudios Cinematográficos). Las productoras van aumentando su difusión. La mayor es Cifesa, con la que pronto compiten Suevia Films-Cesáreo González o Hércules Films, y se montan estudios de cine de primer orden como Chamartín o Sevilla Films.
Las revistas de cine también proliferan: Cámara, Fotogramas (nacida en 1946, aún hoy se mantiene), Revista Internacional del Cine (1951), de la mano de Pascual Cebollada, y, sobre todo, Primer Plano, dirigida por Augusto García Viñolas, que ve la luz el 20 de octubre de 1940 y que se publicará durante un cuarto de siglo. Por las páginas de Primer Plano pasarían nombres del prestigio de Eugenio D’Ors, Pío Baroja, Sopeña, Sánchez Mazas, Jiménez Caballero, Manuel Aznar, Halcón, Wenceslao Fernández Flórez y Manuel Machado.
En este panorama cultural se desarrollan la infancia y la adolescencia de José Luis Garci, que recuerda con cariño y nostalgia en el prólogo de su libro Morir de cine con unas palabras dedicadas a sus padres: “Gracias a los dos por regalarme una infancia tan maravillosa. Por dejarme oír la radio a todas horas, por comprarme cada semana, durante años, un librito de la Enciclopedia Pulga –‘el saber no ocupa lugar’– (…), por los miles de tebeos, sobres de cromos y cartuchos de pipas y, claro, por haberme llevado a todos los programas dobles de los cines del barrio”.
Sus raíces familiares se hunden en Madrid y Asturias, que en la memoria del futuro cineasta van forjándose como dos lugares mágicos, cada uno a su manera: el paisaje urbano de Madrid y la belleza natural de las tierras asturianas. Con el paso del tiempo, se convertirían en sus dos principales referencias de escenarios físicos, de lugares en los que contar las historias.
José Luis Garci vive sus tardes de infancia y adolescencia en el Madrid paradójico de los primeros años cincuenta, con sus miserias, tristezas y esperanzas, ese Madrid tan admirablemente retratado en Tiovivo c. 1950. Garci cuenta en primera persona sus recuerdos (entrevista de Natalia Figueroa. La Razón. 20 de junio de 2005):

Estudié en un colegio mixto en la calle Ibiza. Ya sé que parece increíble pero así fue. Desde los cuatro años hasta los quince, nuestras clases del Latino-Español las formábamos un montón de chicos y chicas.
Hice el preu de Letras –ya quería ser escritor– en el Instituto Cervantes, calle Montesesquinza. Después entré a trabajar en el Banco Ibérico. Del banco pasé a la editorial Taurus que también era propiedad de los Fierro.

En una entrevista en Alfa y Omega, Garci recuerda el inicio de su afición al cine:

Yo estoy haciendo cine gracias a un sacerdote. Se llama José Aguilera Rodríguez. Pepe Aguilera. Un cura al que le gustaba mucho el cine, abogado y licenciado en Filosofía y Letras. Y cuando yo era un chico de diecinueve años, apostó por mí, y me dijo: “Vas a escribir en la revista de las Hermandades del Trabajo”, y luego aquí, y luego allá. Y me decía que le gustaba mucho lo que escribía, y me puso en contacto con Pérez Lozano y con otras personas… Era un tipo maravilloso e inteligentísimo. Recuerdo una época que estuvo destinado en un pueblo pequeñito. Si le vieras explicar la Navidad a un montón de feligreses analfabetos, comparando la llegada de Jesús con la llegada del tren, que era el orgullo del pueblo… Yo me quedé impresionado. ¡Qué sencillez de lenguaje, cómo transmitía el temblor de la Navidad…! Cuando te ibas a confesar, abrumado por los pecados de la adolescencia, y comprobabas que a él solo le interesaba cómo estabas, cómo te iban los estudios, cuáles eran tus aspiraciones…, cómo te iba. Era como si no hubiera oído tus pecados. Para nosotros eso era fantástico. En 1960 eso no era lo habitual.

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Cuando finalizó el curso preuniversitario, Garci comenzó a trabajar como auxiliar administrativo en una entidad bancaria. En Tiovivo c. 1950 Garci recrea la sucursal bancaria donde trabajó durante varios años. Sus compañeros, las ilusiones de las películas, las amistades que durarían toda la vida, la radio, y Madrid siempre al fondo, el Madrid de aquella década de Chicote, las Ventas y el fútbol, del teatro, la castiza Calle Mayor y las salas de sesión doble con la pantalla abierta a los sueños.
En esta época pasaba su tiempo libre en cines, viendo programas dobles. En estas sesiones nació su admiración por el cine americano y los grandes mitos. Una de las películas que marcó al joven inquieto es Casablanca. Garci confiesa haberla visto más de cuarenta veces cuando se repuso en 1966: “prácticamente iba a verla una vez por semana, solo o acompañado”. La excitación era tal que el futuro cineasta sentía deseos de aprender para convencer a todo el mundo con palabras y argumentos de la genialidad de Casablanca. Eran tiempos en los que la corrección política (progresista) del momento no era favorable al cine de Hollywood. El primer beso de Garci se vio envuelto de pasión cinéfila, y Garci ha reconocido a menudo que ese instante mágico que él vivió en la calle Sainz de Baranda de Madrid le dejó una sorpresa teñida de decepción: ¿cómo era posible que tras juntar los labios no sonara la música?
Al finalizar el servicio militar, Garci vuelve a su trabajo del banco, pero pronto consigue ser trasladado a la editorial Taurus, empresa del Grupo Fierro. Este paso le supuso la entrada en el mundo de la cultura y el contacto con personas como García Pavón, Jorge Campos, Eladio Caballero o Florentino Trapero. Allí hizo de todo, incluyendo la corrección de pruebas de textos para la edición. El trabajo se acrecentó cuando Jesús Aguirre, el duque de Alba, sustituyó a Francisco García Pavón al frente de las publicaciones. Entonces Garci se sumergió en las lecturas de Adorno, Karl Rahner, Teilhard de Chardin… y un jovenzuelo de poco más de veinte años llamado Fernando Savater, que publicaba en Taurus el ensayo Nihilismo y acción.
Su cinefilia se fue nutriendo en visitas continuas a las salas cinematográficas desde temprana edad. Esta devoción fílmica le llevó a ejercer como crítico de cine en diversas publicaciones. El cinéfilo español gozaba de buena salud en este periodo y contaba con revistas como Film Ideal y Nuestro Cine, que elevaban el tono cultural de los debates en torno al séptimo arte.
Autodidacta, José Luis no fue nunca a la Escuela de Cine (pocos de los grandes cineastas, por cierto, se han formado en una escuela y en España las generaciones surgidas de las escuelas no han revelado grandes talentos). En 1963 comenzó a escribir críticas cinematográficas en la revista Signo, y posteriormente en Cinestudio, la revista SP y Reseña. En aquel momento la mejor revista de cine en España era sin duda Film Ideal, dirigida por Félix Martialay, que llevaba sobre sí la carga y el privilegio de defender el cine clásico de Hollywood. Ford, Hawks, Otto Preminger, Henry Hathaway, Raoul Walsh o Anthony Mann (un inolvidable número especial) protagonizaban las páginas de esta revista apasionada, humanista y liberal en la que aparte de Martialay convivían plumas tan diversas como Marcelo Arroita Jáuregui, Juan Cobos, Miguel Rubio, Manolo Marinero, Juan Miguel Lamet o el mismo Terenci Moix.
Ya desde sus primeras críticas, el joven escritor dejaba al descubierto sus apasionadas preferencias. Cuando en el verano de 1969 falleció el gran Leo McCarey, Garci escribía en SP y le faltó tiempo para proponer a sus jefes Luis Ángel de la Viuda y Enrique Vázquez un especial sobre el autor de Tú y yo. Garci suplicaba: “Tenéis que darme una página. McCarey es alguien fundamental en la cultura de nuestro tiempo. Con él desaparece toda una concepción del cine…”. Al final logró dos páginas, y aquella publicación donde escribían críticos como Máximo, Tomás Marco, Sarmiento Birba, Rafael Conte o los hermanos Rioboo se convirtió en la única revista de información general que recogió un estudio homenaje sobre el gran director desaparecido.
El debate cinéfilo llenó las páginas de estas revistas que hoy se pueden consultar –sobre todo las de Film Ideal– con emoción y desde luego interés. Esta sensación de amor al cine, de enamoramiento literal de las películas, ha desaparecido casi por completo de las publicaciones de cine españolas, salvo –precisamente– las páginas de Nickel Odeon editadas por el propio José Luis Garci.
En esta misma época, Garci comenzó a escribir sus primeros relatos literarios, encuadrados especialmente dentro de la ciencia ficción, por los que recibió diferentes reconocimientos de la crítica, entre ellos el premio Nueva Dimensión en 1969 (con tan solo veinticinco años) y el premio Puerta de Oro de Relatos (1981) por el cuento “Los mejores años de nuestra vida”.
La ciencia ficción se convierte en el género favorito del joven escritor en los años sesenta y primeros setenta. Y lo cultiva con decisión en diversas revistas con relatos que luego fueron editados. Destacan en este sentido títulos como: Bibidibabidibú, Adam Blake y La Gioconda está triste, entre otras historias. Los paisajes de la ciencia ficción y la fantasía (teñidas de sentimiento y melodrama de limpia factura) conformarán años después uno de sus proyectos más ambiciosos: la serie de televisión Historias del otro lado.
También, y como ensayista, ha publicado Ray Bradbury, humanista del futuro y una monografía dedicada al cine de ciencia ficción en la Enciclopedia Buru-Lan.
Artista enamorado de su profesión y hombre polifacético, la trayectoria profesional de José Luis Garci, como hemos visto, ha aunado la literatura, el cine y la televisión. Y muestra de ello es que fue galardonado en 1968 por el Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), la más veterana y prestigiosa asociación de críticos y escritores de cine existente en España, con el premio a la mejor labor literaria. Garci sería después un asiduo en los premios organizados por el CEC.
El Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) es una asociación fundada en el año 1945 “para la defensa y divulgación del arte cinematográfico”. Quince hombres estusiastas, que difundían las diversas facetas del cine en la prensa diaria y en las revistas especializadas, tomaron el acuerdo definitivo de fundar el CEC: Fernando Viola, Luis Gómez Mesa, Carlos Fernández Cuenca, Joaquín Romero Marchent, Pío García Viñolas, Francisco Hernández Blasco, Adriano del Valle, Pío Ballesteros, Fernando Merelo, José González de Ubieta, Domingo Fernández Barreira, Fernando Méndez Leite, Luis Figuerola, Antonio Barbero y Antonio Crespo, que fue pronto sustituido por Ángel Falquina. La asociación ha contado con numerosos presidentes durante estos años (uno de los más emblemáticos fue Pascual Cebollada), entre ellos Paul Naschy. En la actualidad mantiene su ilusión y su esfuerzo (http://www.cinecec.com).
Tras la literatura, el guión de cine; y, por último, el debut de José Luis Garci en la dirección cinematográfica, que se produce en 1977. Nos encontramos en plena época de la transición política española (Francisco Franco había muerto el 20 de noviembre de 1975 y las elecciones democráticas se celebrarían en junio de 1977), pero Garci ya había entrado a formar parte de la renovación del cine español desde años atrás.
Poco a poco, el escritor había dejado paso al guionista y este, al director. La trayectoria de Garci había cubierto todos los frentes.

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About barahona19611

abogado y escritor. Ha publicado 40 libros : cine, novela, poesía y ensayo . Entre ellos : Cecil B de Mille, Charlton Heston la épica de un héroe, John Wayne , el héroe americano, Perón o el espíritu del pueblo, Antropología del cine , Historia del terror a través del cine , Anthony Mann, El sueño de la vida, Viaje hacia el amor, El rapto de la diosa, La restauración, Círculo de mujeres , Retrato de ella en preparación : Tres poemas de mujer, Cartas del silencio, Figuras en un espejo
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