EL ECLIPSE DE LA RAZON . Fernando Alonso Barahona


 

EL ECLIPSE DE LA RAZON 

Fernando Alonso Barahona 

 

El Eclipse de la Razón” es un documental realizado en 1987 por el doctor Bernard Nathanson, quien fue co-fundador de la Asociación Nacional para la Revocación de las Leyes Aborto (ahora llamada NARAL ProChoice América). Llegó a practicar más de 75.000 abortos hasta que por medio de fetoscopias y estudios de ultrasonido se dio de lo cruel e inhumano que un aborto es; a partir de ese instante se convirtió en un activista pro vida.

 

El gran actor Charlton Heston fue el narrador de El Eclipse de la Razón cuyo título parece definir muchos flecos del enconado debate contemporáneo.

¿Por qué no intentar aplicar un mínimo método racional al debate? Sobre todo con el punto de partida desolador de los datos: En 1987 se practicaron 16.206 abortos inducidos en España, en 2010, 118.359, y en 2012 la escalofriante cifra de 112.930, apenas inferior a las anteriores, pese a que el Gobierno de Zapatero presumía sobre una importante disminución que habría de producirse con la ley de plazos antes mencionada.

La Ciencia

El primer núcleo de debate es científico, si se autoriza la comisión de un aborto, es porque se considera que el feto no es un ser humano. ¿Pero es esto así?

La investigación sobre el ADN establece positivamente el hecho, de que por mandato de la naturaleza, la primera célula humana viviente, que se forma cuando el espermatozoide del hombre penetra el óvulo de la mujer, contiene un ADN que es exclusivo del nuevo ser humano al cual pertenece. Es indiscutible y demostrable que este ADN es diferente al ADN de los padres. Sin embargo los partidarios del aborto aducen una serie de argumentos de índole científica.

Parte de la ciencia moderna –señalan- ha establecido que la persona es el resultado del funcionamiento del cerebro. Así el escritor Héctor Abad Faciolince en su obra El olvido que seremos: el “espíritu” no sólo no es inmortal, sino que es más mortal que el cuerpo. Sin cerebro, no hay persona. Pero esta afirmación es dramática ya que deja fuera del concepto de persona a los enfermos cerebrales o a los aquejados por Alzheimer. ¿De verdad sostendrían estos partidarios sus afirmaciones hasta el límite? ¿En qué plazo de la gestación el feto es un ser humano? Si dependiera de su grado de dependencia, el recién nacido también entraría en el concepto.

El catedrático de histología y embriología de la Universidad Complutense Zamorano Sanabria es taxativo también en su análisis: “La vida de un nuevo ser comienza en la fecundación y posteriormente se ira desarrollando en los distintos medios naturales para los que está programado genéticamente”.

La filosofía: Julián Marías y Gustavo Bueno

La ciencia posee evidentes limitaciones, se hace necesario acudir a la filosofía.

Julián Marías, escritor y filósofo, el mejor discípulo de Ortega y Gasset y hombre de firmes convicciones y probado compromiso con la libertad se refirió al aborto en varios artículos: “Las palabras más enérgicas” (ABC, 9 noviembre 1982), “Una visión antropológica del aborto” (ABC, 24 mayo 1983), “La cuestión del aborto” (ABC, 10 septiembre 1992) o “La más grave amenaza” (ABC, 4 septiembre 1994).

Su argumentación, al hilo de su obra magna: Antropología metafísica (según la razón vital, el método ideado por Ortega) es profunda y muy completa:

Lo que es el hijo puede reducirse a sus padres y al mundo; pero el hijo no es lo que es. Es alguien. No un qué, sino un quién.
Cuando se dice que el feto es “parte” del cuerpo de la madre, se dice una insigne falsedad, porque no es parte: está alojado en ella (en ella, y no meramente en su cuerpo).

Y, por supuesto, es una hipocresía más considerar que hay diferencia según en qué lugar del camino se encuentre el niño que viene, a qué distancia de semanas o meses de esa etapa de la vida que se llama nacimiento va a ser sorprendido por la muerte.

Marías insiste además en su libro Problemas del cristianismo: “La ilicitud del aborto nada tiene que ver con la fe religiosa, ni aún con la mera creencia en Dios; se funda en meras razones antropológicas. Los cristianos pueden tener un par de razones más para rechazar el aborto; pueden pensar que, además de un crimen, es un pecado. En el mundo en el que vivimos hay que dejar esto -por importante que sea- en segundo lugar, y atenerse por lo pronto a lo que es válido para todos, sea cualquiera su religión o irreligión. Y pienso que la aceptación social del aborto es lo más grave que ha ocurrido, sin excepción, en el siglo XX.

Desde otro punto filosófico de vista -casi diametralmente opuesto- el filósofo materialista Gustavo Bueno ha dedicado al problema del aborto el primero de los cinco ensayos de su importante obra: Qué es la bioética (Fundación Gustavo Bueno, Oviedo 2001, págs. 87-90).

El profesor Bueno no ahorra un lenguaje punzante: “¿Y qué le importa al germen, al embrión, al feto o al infante, que tienen una vida individual propia y autónoma respecto de la madre, el no haber sido deseado por ella? ¿Acaso puede un hijo asesinar a sus padres porque no desea tenerlos?”
Bueno concluye calificando el aborto – en contraposición a los que lo creen “progresista “ como un regreso o ‘retroceso reaccionario’ a la época de la barbarie.

 

La Razón y el Derecho

Sobre los datos –de unos y de otros– es imprescindible argumentar y construir un discurso.

Parece obvio que una decisión tan importante como es la interrupción de un embarazo –si se hiciere– se rodee de las mayores garantías posibles y con la máxima información de que se disponga. Entonces, ¿cómo explicar que los partidarios del aborto se hayan opuesto a que se proporcione a las futuras madres la información de lo que un aborto supone? Es decir, en lo qué consiste y en cómo se opera con el feto: absorción, envenenamiento o incluso corte radica. En cualquier operación sencilla y antes de la administración de una anestesia –o incluso una transfusión– el paciente lee una serie de posibles y graves posibilidades de contraindicaciones. Y ha de firmar el consentimiento.
La visión estremecedora de un video frío y objetivo describiendo la práctica de un aborto y lo que se hace después con el feto parece –en este sentido– una información lógica para tomar la decisión.

¿Acaso es más sencillo ocultar la verdad para no sufrir? Seguramente. Es la misma argumentación que el personaje de Orson Welles realizaba en la magistral película El tercer hombre: “¿Qué puede pasar si una de esos puntitos –señalando desde lo alto de la noria a las personas– dejara de moverse?”. Pero la persona – antiguo amigo – que habrá de entregarle ha visto las consecuencias del tráfico de medicamentos: niños destrozados, inválidos, enfermos … Solo al ver se abre la luz ante la decisión final.

En apariencia una ley de plazos –que evita los coladeros y la manipulación de los supuestos– parece más razonable. Y si no fuera por la realidad de una vida humana sin duda resulta más eficaz que los supuestos.

Pero analizando las vertientes científica y filosófica, ¿dónde apurar un plazo? ¿Por qué unas semanas determinadas sí y otras no? Desde luego se gana en seguridad jurídica pero se deja desvalido por completo uno de los bienes jurídicos: “el nasciturus”.

Empleando la razón el debate se vuelve dramático: ¿Acaso cada uno de nosotros no fue ese embrión y ese feto en un momento determinado? Algo tangible, no una posibilidad o una fuente seminal, sino algo ya ejecutado y con la potencialidad debida para nacer.

Y por último, emplear un argumento económico no deja de resultar absurdo. Lo nuclear es la consideración del hecho como correcto o incorrecto. No la suposición de que se va a eludir la ley por diversos vericuetos. Un partidario del aborto afirmaba que los contrarios recurrirían a él si un familiar cercano suyo se viese afectado por el problema. Y que al final solo abortarían los que poseen medios económicos suficientes.

Pero el razonamiento es falaz ¿Qué sucedería su nuestros representantes de todo tipo tuvieran la tentación conveniente de un soborno o de la obtención de cuantiosos beneficios personales?

¿Acaso una amplia mayoría no caería en la aceptación de la posibilidad? En primer término nada nos autoriza –en ninguno de los dos ejemplos– a dar por supuesto que la elección sería siempre la incorrecta. Y en segundo término, la constatación de la debilidad humana no se podría traducir en la legalización absoluta del tráfico de influencias o el cohecho porque sea connatural a la naturaleza humana. Tampoco –parece evidente– por un hecho desgraciadamente frecuente; las personas poderosas poseen muchos más medios jurídicos para evitar las condenas –aunque solo sea por la contratación de un despacho brillante de abogados-.

El embarazo no se produce por azar o casualidad, sino como derivado de unas decisiones que se han tomado previamente de forma libre (salvo en el desgraciado caso de la violación). Tal vez lo que subyace detrás de la aceptación social del aborto es el clima de decadencia de valores y compromisos, la elusión de todo tipo de responsabilidad y el miedo a construir algo positivo.

Sin embargo nuestra legislación está llena de obligaciones, y a veces para proteger nuestra salud: no se puede beber alcohol en determinadas circunstancias, se prohíbe –muy bien por cierto– fumar en muchos lugares, no se puede inducir o ayudar al suicidio. Las vacunas son obligatorias –sabia medida– lo mismo que la educación y la alfabetización. Es decir, la sociedad occidental avanzada ha urdido un entramado de derechos y obligaciones en los que las personas renuncian a parcelas de libertad personal para vivir en sociedad y beneficiarse de las relaciones comunes.

Sin embargo, en lo referente al aborto, algunos legisladores parecen olvidar este escenario y así se llegó – en 2010 – a la aberración siguiente: una joven de 16 años que sería multada por fumar en un lugar cerrado poseía el derecho a abortar sin consultar literalmente a nadie.

La Constitución española de 1978 quiso referirse al “nasciturus” cuando proclama (art. 15) que “todos tienen derecho a la vida”, aunque la ausencia de formulación específica haya conducido a complejos debates jurídicos. Producto de ello fue que la Sentencia del Tribunal Constitucional 116/99 de 17 de junio señalara que “los no nacidos no pueden considerarse como titulares del derecho fundamental a la vida”. Si bien añade: “lo que sin embargo no significa que resulten privados de toda protección constitucional”.
Sin embargo, la sentencia del Tribunal Constitucional 54/1985 dijo en su momento: el nasciturus (el ser humano concebido en el vientre de la madre) es un «tertium existencial» distinto de la madre, forma parte del proceso de la vida humana que se inicia con la gestación y finaliza con la muerte y que es presupuesto necesario de la vida humana independiente, es decir, la que tiene lugar fuera del claustro materno.

Que en consecuencia, si bien no cabe considerar al nasciturus como un sujeto de derechos en sentido estricto, sí cabe considerarlo como expresión de vida humana merecedora de la protección que otorga el artículo 15 de la Constitución y que debe ser convenientemente garantizada por la ley penal.

Claro que en múltiples sentencias de los más diversos tipos el Tribunal Constitucional no ha estado exento, ni mucho menos, de politización excesiva.

El debate jurídico puede llegar a un consenso, pero en este tema, como en casi todos los esenciales, hay también un componente metajurídico.

 

La política

Sea cual fuere la valoración que la llamada Ley Gallardón de reforma de la ley anterior del aborto (la denominada Ley Aído por su autora intelectual, la mediocre ministro del gobierno Zapatero, Bibiana Aído, considerada casi de forma unánime como un ejemplo típico de incompetencia personal para alcanzar el cargo de Ministro del gobierno de España), sorprende las invectivas que desde la oposición de izquierdas se lanzan contra ella. En resumen el nuevo proyecto no es sino el regreso a la normativa de 1985, la ley socialista de tiempos de Felipe González. No parece que los que apoyaron y sostuvieron esta ley ahora la califiquen con tan gruesas expresiones. Claro que el gobierno del PP también queda en posición poco airada porque en 1985 se opusieron a la despenalización del aborto. Ahí reside –no nos engañemos– la debilidad intelectual de la reforma. Una vez más en temas de este calado el PP parece que va con retraso y apoya de forma sucesiva leyes socialistas a las que en su momento se opuso con fuerza. Pero ahora, justo cuando el PSOE en su desbocada carrera sin rumbo, cambia y avanza en la línea sin fondo, el PP recupera la posición de partida inicial.

Para solucionar estos vaivenes será menester definir una postura, unos medios materiales, sociales y jurídicos para después plasmarlo en una propuesta alternativa. El resto serán parches y discusiones dramáticas pero que no acometen de raíz el problema.

Distinto es en Estados Unidos donde muchos candidatos han de manifestar su posición “pro vida” si quieren tener expectativas de alcanzar la candidatura en las elecciones primarias . En este sentido cabe destacar la gran apuesta de Donald Trump por la vida desde el inicio de su mandato .

El punto de partida de la construcción es desde luego importante. El aborto no es un derecho pues el feto no es parte del cuerpo humano, sino un ser diferente. En todo caso se hablará de excepciones a la norma general.

Una conclusión razonable

Una sociedad avanzada admite –como forma elaborada de pacto social– una serie de normas que afectan a su vida personal: prevención de la violencia, código penal, obligaciones sanitarias, prohibición de actos concretos contra la salud.

Ninguna norma jurídica o política debiera realizarse sin antes prever el escenario general en el que se mueven las personas. En este sentido resulta imprescindible –desde un punto de vista institucional– la realización de una serie de medidas :

– apoyo económico a la natalidad, sobre todo si se da en circunstancias complicadas.
– simplificación y agilidad en los trámites de la adopción. Resulta trágicamente paradójico que a pocos metros de distancia se aborten niños y no muy lejos familias busquen desesperadamente bebés para adoptar.
– Máxima información sobre cada uno de los pasos que se puedan dar, aprobar o modificar, incluyendo la decisiva sobre lo que el aborto es.
– Eficacia en la prevención de embarazos no deseados.
– Alternativas viables –con la colaboración pública y privada– para evitar que se produzca un solo aborto por motivos socioeconómicos.

Dibujando este escenario y admitiendo que la vida comienza en el momento de la concepción –es el hecho clave para todo el debate– la conclusión se antoja obvia: aunque una ley de plazos sea más eficaz y segura que una de supuestos –proclive siempre al fraude y al coladero en la interpretación de los supuestos- ambas olvidan lo esencial, que no es otra cosa que la vida humana.

¿Hay excepciones? Sin duda; y por analogía, las mismas que exceptúan la muerte de una persona en el Código Penal (la defensa propia en primer término). Desde un punto de vista estrictamente jurídico y filosófico el peligro grave para la salud y la vida de la madre justifican de sobra cualquier medida a tomar.

Las graves malformaciones del feto suponen otro problema grave que ha de resolverse desde un punto de vista exclusivamente científico. Es una ligereza decidir sobre ello sin el debido asesoramiento.

Hasta este punto de la reflexión en ningún momento se ha esgrimido ni un solo motivo de índole religiosa o de color político. De hecho resulta absurdo –desde el mundo de las ideas– que movimientos políticos que hacen bandera de la defensa del más débil, dejen solo sin embargo al “nasciturus”. Miguel Delibes en un célebre artículo lo reflejó de forma diáfana.
Volviendo a las luminosas palabras de Julián Marías, es evidente que una persona creyente añade motivos fundamentales a su oposición al aborto. Y estos se refieren a la dignidad personal de cada ser humano producto de su filiación con Dios ( la “religación” entre la persona y su creador en término de Javier Zubiri). Por supuesto esto es un motivo fundamental , pero –en efecto– se refiere al ámbito de la conciencia personal.

Los defensores de la ley de plazos –de todos los partidos, incluido el del Gobierno– parten de un principio nuclear: “a nadie se le puede obligar a ser madre”. Irrebatible desde luego, lo que se olvida es que para ser madre hay que realizar una serie de actos voluntarios que producen consecuencias. De tal modo que lo que late en el fondo es algo más profundo: en ultima instancia de lo que se trata es de mantener una cultura de la permisividad absoluta sin sombra de responsabilidad. Uno se arriesga y si sale mal se busca una solución. El sexo queda así por encima de cualquier otro valor.

Igualmente se acentúa el drama evidente que para las personas que lo sufren significa. Irrebatible también; sin embargo la otra parte responsable del embarazo – el padre– se desvanece como si no existiera. Curiosa contradicción cuando se ha avanzado mucho en la mentalidad social para que esto no sea así.

Por ultimo, los defensores parecen quedarse en una situación de fatalismo: no hay remedio una vez que se produce el daño, mejor por tanto arreglarlo del mejor modo posible procurando que no haya diferencias sociales y que la solución esté al alcance de todos y no solo de unos pocos. En principio también coherente, aunque el hecho de una aceptación social no significa que sea permanente, y las pruebas demuestran que en numerosos lugares -comenzando por Estados Unidos– se está produciendo un cierto giro en la percepción favorable a los movimientos provida.

Todo ello – no obstante – sería razonable de no mediar la vida humana del niño concebido y no nacido . ¿Cómo conciliar la realidad de la vida con el clima de permisividad sin responsabilidad?

Es posible que el cambio de mentalidad sobre el aborto sea lento y progresivo, incluso se puede reconocer y valorar un cambio de rumbo con etapas que evite consecuencias traumáticas. Pero los defensores del aborto que tal vez en su mayoría se limiten a mirar para otro lado pensando que a ellos nunca les tocará tomar la decisión, son demasiado atrevidos si piensan que el camino de la historia no posee idas y venidas. De hecho, como hemos adelantado, los movimientos pro vida están creciendo en toda Europa, tienen una influencia grande en América y en Estados Unidos han logrado avances importantes en la detención de las medidas abortistas. Seguramente sea Estados Unidos el centro y el núcleo de un cambio de rumbo que después se esparcirá por el resto de países.

Al fin y al cabo, cualquier persona debiera – como reflexión íntima y personal – hacerse una pregunta inquietante: ¿qué hemos hecho mal en nuestra ordenación social y vital para que el vientre de la madre se pueda llegar a convertir en un lugar peligroso para el desarrollo del concebido no nacido? De la respuesta a esta cuestión tal vez se deduzca después toda una cadena de consecuencias y reflexiones.

 

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About barahona19611

abogado y escritor. Ha publicado 40 libros : cine, novela, poesía y ensayo . Entre ellos : Cecil B de Mille, Charlton Heston la épica de un héroe, John Wayne , el héroe americano, Perón o el espíritu del pueblo, Antropología del cine , Historia del terror a través del cine , Anthony Mann, El sueño de la vida, Viaje hacia el amor, El rapto de la diosa, La restauración, Círculo de mujeres , Retrato de ella Tres poemas de mujer, Cartas del silencio, Figuras en un espejo
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